Una receta para vivir sin culpa



¿Qué es la culpa? ¿de dónde viene? Y ¿Qué hacemos con ella? Es el tema de este artículo.


La culpa es un sentimiento muy humano y que aparece mucho en las sesiones con mis pacientes, ya que afecta a las personas sin importar su perfil socio - económico, características físicas, saberes o profesión.


La culpa no diferencia sexo, religión ni política ya que es parte de nuestra cultura. La aprendemos a temprana edad, desde los 4 años, donde las personas empiezan a aprender lo que es bueno o malo y a crear la conciencia moral. Familia, escuela, religión son los centros de aprendizaje de la conciencia moral y, como consecuencia, del sentimiento de culpa.



Esto es muy importante de tener en cuenta, la culpa es aprendida: se enseña o se inculca y como todo lo que se aprende puede ser desaprendido… Es decir, son buenas noticias porque podemos borrarla de nuestra mente para vivir sin culpas.


Ya se ha dicho mucho sobre la importancia de las emociones, de hecho, en el artículo “mis emociones me superan” (te dejo el link por si quieres leerlo https://www.psicologiayenergia.com/post/mis-emociones-me-superan-s-o-s) hemos conversado sobre ello. Pero, insistamos un poco más…


Las emociones son muy importantes en la vida de las personas. El reconocerlas o no, el manejarlas adecuadamente hace diferencias significativas en la salud mental y emocional. Por ello, es que ha tomado tanta importancia la Inteligencia Emocional, porque se basa en el autoconocimiento para desde ahí leer a las personas, identificando sus emociones, lo que nos brinda una herramienta social y para la vida fundamental, permitiéndonos ser más asertivos y tener relaciones interpersonales más sanas.



Como la culpa es un sentimiento, debemos reconocerlo en nosotros para autorregularnos, identificar cuando otros se sienten culpables para optimizar nuestras relaciones. Como líderes, padres, amigos, familia, trabajadores, en fin, sin importar el rol en el que nos encontremos, deberíamos, a mi parecer, aprender a vivir sin culpa.


Entonces, cabe la pregunta: si las emociones son importantes y hay que reconocerlas, ¿por qué tendríamos que sacar de nuestra vida la culpa?


Hay personas que piensan que la culpa puede ser adaptativa y ayudarnos a no transgredir límites y adaptarnos mejor a las reglas y entorno. También piensan que puede llegar a ser desadaptativa cuando su intensidad y frecuencia dificulta las relaciones. Yo creo que la culpa es uno de los sentimientos que realmente NUNCA ayuda.



Saquemos la culpa de nuestra vida



Cuando nos sentimos culpables nos invaden sentimientos negativos: angustia, amargura, frustración, impotencia, remordimiento, pesimismo, desagrado, tristeza, etc. En pocas palabras “la culpa solo nos hace sentir mal”. Y ¿Qué resuelves sintiéndote culpable? La respuesta es inequívoca: ¡NADA!


La culpa es como una especie de sentencia en la que además de darnos cuenta de que nos equivocamos, y nos sentimos mal por ello, también nos sentimos mal porque el error u omisión de algún modo trae consecuencias negativas para otra persona, perjudicamos a alguien. Entonces, asociado a la equivocación u omisión se encuentra un castigo que debemos recibir por lo que hicimos mal o dejamos de hacer.



Cuando somos niños o adolescentes nos dan un castigo y nos sentimos mal por ello. Sin embargo, siendo adultos, nos autocastigamos mental y emocionalmente. Mentalmente porque nos quedamos pegados, con pensamientos reiterativos y muy improductivos, ya que lo pensamos una y otra vez y no hacemos nada más que reflexionar o pensar. Asumir la culpa no se asocia con una acción remedial o reparatoria, por ello digo que es ineficaz, nos quedamos en el problema que ocasionamos y en el malestar que provocamos en los demás y nosotros mismos.


Otra apreciación importante es la culpa tiene diferentes orígenes, dependiendo de cuando se origina. Hay momentos en los cuales nos sentimos culpables por algo que hicimos o dejamos de hacer en el pasado. A veces, es en un pasado lejano y por años arrastramos ese sentimiento. Otras ocasiones, nos sentimos mal por lo que estamos haciendo o dejando de hacer y eso ocurre en el momento presente.


Sea cual sea el momento de nuestra historia en que surge la culpa (pasado o presente), desde mi punto de vista y hoy espero que también desde el tuyo, piensa que sentirse culpable no sirve, no se asocia a arreglar lo que hicimos mal, la culpa se queda en el sentimiento.


Por lo anterior, mi propuesta es la siguiente:


“Dejemos de sentir culpa y hagámonos responsables”



Dejemos de ser ese juez implacable que nos mira con la lupa de la ley moral y que, si no cumplimos sus preceptos, basados en las reglas y normas, seremos castigados con el rigor de las emociones y las miradas reprobatorias de nuestro entorno. Comencemos a reconocer cuando nos equivocamos, a ofrecer las disculpas pertinentes y a generar los actos reparatorios que sean necesarios. De esta manera, ya no seremos culpables, seremos responsables.


Entonces, un nuevo cambio de mentalidad que nos llevará a ser coherentes en nuestro sentir, pensar y actuar.


REEMPLACEMOS LA CULPA POR RESPONSABILIDAD

Como dice Humberto Maturana, lenguajear implica ser en el lenguaje y siendo responsables nos haremos cargo de nuestros errores u omisiones.



La receta para ser responsables y no sentir más culpa es la siguiente:

Ingredientes:


  • Una cucharada de análisis de nuestras acciones y palabras

  • 1 taza de responsabilidad

  • Una taza de valentía

  • Una pizca de amor

  • La decoramos con unas disculpas y la servimos con un abrazo


Bien, vamos construyendo una vida más sana física, mental y emocionalmente.


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