Teletrabajo: el nuevo dolor de cabeza



Antes del covid-19 imaginábamos un mundo ideal donde era posible no asistir al trabajo a diario y poder dedicar algunos días a teletrabajar desde casa o desde algún café. Hoy, ya no es una opción que las empresas o las y los trabajadores puedan tomar, es una realidad para muchos.


Trabajar desde la casa se ha convertido en la opción más rentable que tienen las organizaciones para sostener, de alguna manera, los estándares de producción y los sueldos. Es decir, para mantener viva la empresa.


Sin embargo, esta nueva realidad, dista bastante de todo lo que nos habíamos imaginado.

Teletrabajo... ¿estábamos preparados?

Debido a la falta de previsión de los elementos que se requieren para realizar adecuadamente un trabajo a distancia (PC, internet, un lugar apropiado para desarrollar la jornada de trabajo, etc.), a que el 20 de noviembre 2018, la Cámara de Diputados aprobó el proyecto en general del Teletrabajo y ahora, este 24 de marzo, se volvió a legislar bastante rápido y sin el acuerdo de las organizaciones sindicales, el teletrabajo debuta con bastantes conflictos.


Por lo anterior, es importante saber que esta ley otorga un "derecho a desconexión”. No obstante, explícitamente dice que las y los teletrabajadores quedan excluidos de la limitación de jornada que rige para el resto de los asalariados, si así lo acuerdan las partes”, es decir, que de alguna manera esta desconexión de 12 horas que manda la ley donde no se pueden revisar correos ni whatsapp muestra que en las otras 12 horas sí.


Entonces, quienes trabajan presencialmente se rigen por una jornada de 8 horas y quienes están en teletrabajo por una de 12, según el acuerdo que logren con sus empleadores. Pero, en Chile los trabajadores y trabajadoras tienen menos fuerza para negociar que la empresa, y por ello, deben aceptar las condiciones que se les ofrecen ya que, menos ahora, nadie quiere quedarse sin trabajo porque la cantidad de tiempo que se le destina sea mayor que antes. Aunque, debo señalar que los estudios muestran que esto no es propio de nuestro país, si no que ocurre en la mayoría de las naciones que han tomado el trabajo a distancia. Todo lo anterior, nos deja expuestos a ocuparse muchas horas sin considerarlas como extraordinarias.


También se pensaba que teletrabajar daría mayores libertades a los colaboradores permitiendo contrarrestar la doble presencia (estar trabajando en la oficina y pensando en los problemas del hogar) y optimizaría la conciliación del trabajo con la vida personal. Pero, nuevamente la realidad ha mostrado que, sin una delimitación clara de los horarios, una sobrecarga de la cantidad de trabajo y de reuniones, condiciones ambientales no apropiadas para trabajar a distancia hacen que los y las trabajadoras hayan empeorado su calidad de vida.



“Almuerzo frente al computador”, “no veo a los niños en todo el día”, “me arden los ojos, llevo muchas horas conectado” o “ya no sé si es miércoles o domingo” resuenan con más frecuencia de las que nos gustaría en la mayoría de los hogares con teletrabajo.

Están agotados, molestos y sintiéndose no escuchados…


Otra cosa que ha cambiado son las competencias que los y las trabajadores deben tener para este nuevo estilo, siendo la autonomía, flexibilidad y productividad las claves a desarrollar.

Por otro lado, las organizaciones y sus líderes también deben adaptarse a las nuevas condiciones. Ya no debería pensarse el trabajo en función de horas si no de metas por cumplir. Reuniones de inicio de jornada, motivacionales y para rescatar el factor humano, además de la planificación del día o de la semana deberían estar presentes en todas las agendas.

Es un momento histórico para demostrar, sin importar el cargo en el que nos encontremos, la calidad humana que nos distingue y que podemos hacer las cosas diferentes, generando prácticas laborales más empáticas y conciliadoras del trabajo con la vida personal de los colaboradores. Así, con esta nueva realidad de teletrabajar surgida de la pandemia y el confinamiento se podría construir un mejor país.

¿Cómo?

Desde el jefe u organización:

1. Generando metas alcanzables por resultados y no por horas de trabajo.

2. Respetando los acuerdos de horarios de envío correos y whatsapp.

3. Usando las reuniones para producir y no como método de control de conexión de los empleados.

4. Conversando con cada trabajador para conocer su situación, sus preocupaciones y dolores.

5. Otorgando apoyo logístico para el cumplimiento del teletrabajo (brindándole un computador, escritorio, plan de internet, silla o audífonos, etc.)


Desde el trabajador:

1. Respetando los horarios que se asignen.

2. Dejando de lado los ladrones del tiempo.

3. Cumpliendo las metas y protocolos que se creen a partir de esta nueva metodología de trabajo.

4. Trabajando en equipo, dando lo mejor de sí.


Pero no todo es negativo, ya que trabajar desde casa ha permitido que cada integrante de la familia conozca de cerca lo que el otro hace. El marido puede observar de cerca la carga laboral de la esposa y viceversa. Los padres, la cantidad de tareas de los hijos y los hijos la carga laboral y responsabilidades de sus padres.


Con esto, es posible generar mayor empatía en la familia, entendiendo que cada uno, según su edad y trabajo, posee harta responsabilidad y presión. Que todos pueden estar válidamente casados y sentirte menos tolerantes. Así, entonces, pueden comprenderse, valorar los esfuerzos de cada uno de los integrantes y permitirse una mayor colaboración en las tareas comunes del hogar, así como de los tiempos de descanso que necesitan individualmente, en pareja y en familia.


Por lo tanto, teletrabajar no tiene que ser necesariamente un nuevo dolor de cabeza. Puede ser una gran oportunidad para todos.

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