¿Qué tan inteligente soy?



Muchos adultos llegan a la consulta sintiéndose que no son lo suficientemente buenos, teniendo un nivel muy bajo de autoestima. Habitualmente, esto tiene su origen en las experiencias infantiles. De niños les dijeron que son tontos, que no saben hacer nada u otras expresiones de descalificación como esas.


La verdad, es que el concepto de Inteligencia ha mutado a lo largo de la historia, conforme avanza el desarrollo científico y la capacidad que tiene el ser humano de observarse y aprender de sí mismo y de su entorno.


Por ejemplo, Gardner (1983, 1993), consideró la inteligencia como la capacidad para resolver problemas o elaborar productos que pueden ser valorados en determinada cultura. O la definición que Binet (1983) concibió la inteligencia como un proceso psicológico superior medible, por lo tanto, quien se acerque a resultados esperados para su edad y contexto cultural, debe ser asumido como inteligente.


Pero, entre todas las definiciones que se han podido crear sobre inteligencia, las más exitosa fue las creadas por Wechsler. Él, en 1939, publicó la Escala de Inteligencia para Adultos de Wechsler (WAIS), aplicable a personas de 16 a 74 años y posteriormente, creó una escala para niños, que es lo que conocemos como WISC.



Entonces las personas eran medidas y contrastadas con los resultados esperados para su edad y cultura, obteniéndose un número o CI (Coeficiente Intelectual) que indicaba que tan inteligente es la persona medida. Creo que todos, en algún momento, hemos sido medidos con este instrumento.


Sin embargo, los científicos y estudiosos comenzaron a darse cuenta que 2 personas con el mismo CI podían ser totalmente diferentes en su actitudes y habilidades, obteniendo resultados distintos cuando suponían que por su CI iba a ser igual o semejante. Entonces, se dieron cuenta que la sola medición del CI no daba cuenta de la inteligencia de una persona.


De ese modo, surgieron otras teorías sobre inteligencia, llamadas “Inteligencias Múltiples”, cuyo foco se centra en la adquisición, almacenamiento y uso activo de la información. La que más conocemos es Gardner.



Si bien en un inicio, Gardner consideró 7 tipos de inteligencias múltiples, finalmente y con los años, en sus estudios propuso 11 tipos de Inteligencias según con la capacidad humana con que se relacione:


1. Lingüística: concerniente con la capacidad para manejar apropiadamente el lenguaje (hablado, escrito y con la facilidad para aprender idiomas).


2. Lógico-matemática: capacidad para analizar problemas de forma lógica, realizar operaciones matemáticas y llevar a cabo investigaciones científicas.


Estas 2 dan cuenta de aquellas que Weschler medía originalmente. Sin embargo, Gardner propuso muchas más.


3. Musical: capacidad para interpretar, componer y apreciar pautas musicales.


4. Cinestesicocorporal: como usamos el cuerpo, total o parcial, para resolver problemas o crear nuevos productos.


5. Espacial: para reconocer y manipular pautas en espacios, grandes o pequeños.


6. Interpersonal: comprender las motivaciones de los otros en su actuar para trabajar efectivamente con ellos.


7. Intrapersonal: capacidad para comprenderse a sí mismo.

Las capacidades asociadas a la Inteligencia interpersonal sumada con la Inteligencia Intrapersonal están a la base de lo que conocemos como INTELIGENCIA EMOCIONAL.


Luego, Gardner agregó otras inteligencias, descubriendo nuevas capacidades del ser humano:


8. Naturalista: conocer los seres vivos y tener la aptitud para cuidar e interaccionar con ellos.


9. Espiritual o existencial: inquietud por las cuestiones esenciales, así como con la capacidad para situarse en relación con las facetas más extremas del cosmos y con ciertas características existenciales de la condición humana, como los significados de vida y muerte (Gardner, 2001).


10. Sexual: cómo se vive el placer erótico sexual.


11. Digital: manejar las nuevas tecnologías.


Entonces, considerar a una persona más o menos inteligente por su nivel de CI, solo estaría viendo una parte de las capacidades de la persona, teniendo múltiples posibilidades más.


Decirle a un niño que es tonto porque no aprende a leer o a resolver algunos ejercicios, solo muestra la mirada limitada de quien lo dice, sin considerar la falta de asertividad y empatía que tales juicios contienen.


En los colegios, los orientadores están llamados a identificar qué tipo de inteligencia tiene cada estudiante para recomendarle, según eso, un área de estudio a futuro, es decir, una carrera.


Pero, volvamos a la idea central de este artículo. ¿Se han dado cuenta que hay persona que a pesar de no tener estudios son exitosas y valoradas por otros? Ellos, han desarrollado lo que Goleman explica como Inteligencia Emocional.


Esencialmente, la inteligencia emocional es la capacidad de percibir, expresar, comprender y gestionar las emociones. Goleman (1995) define la inteligencia emocional como “la capacidad de reconocer nuestros propios sentimientos y los de los demás, de motivar- nos y de manejar adecuada- mente las relaciones”. Capacidad para la auto-reflexión: Identificar las propias emociones y regularlas de forma apropiada.


Si se dan cuenta, lo que Goleman plantea es que primero debemos conocernos a nosotros mismos a nivel emocional para luego reconocer en los otros las emociones. Primero, debemos controlar o regular nuestras propias emociones, para posteriormente colaborar socialmente para guiar o liderar a otros considerando sus emociones. Esto, muestra que podemos tener altos niveles de estudios formales, pero emocionalmente estar poco aventajados. Si comprendemos estos aspectos de nosotros mismos, mejor será nuestra salud mental y nuestro desarrollo social.

6 Tips para desarrollar la Inteligencia Emocional


1. Detecta la emoción que hay detrás de tus actos: analiza la motivación que hizo que actuaras de determinada manera.


2. Amplia tu vocabulario emocional: hay muchas emociones y habitualmente usamos las mismas. Piensa solo en las emociones que te da Facebook cuando vas a colocar un estado, son muchas, aquí te dejo algunas para comenzar a ampliar tu vocabulario emocional: amor, alegría, generosidad, gozo, afecto, júbilo, compasión, esperanza, libertad, logro, justicia, agradecimiento, aceptación, acompañamiento, bondad, admiración, apreciación, benevolencia, amabilidad, alivio, orgullo, empatía, integridad, apego, aprobación, suficiencia, armonía, honestidad, humildad, templanza, felicidad, optimismo, satisfacción, seguridad, simpatía, cariño, comprensión, entusiasmo, solidaridad, respeto, pasión, paz, placer, compromiso, fervor, plenitud, euforia, éxtasis, ilusión, interés, confianza, apoyo, contento, dignidad, etc.


3. No juzgues la forma en que te sientes: solo identifica y acepta. Negar las emociones es dañino.


4. Observa el lenguaje corporal y descubre el mensaje oculto: en ti y en los demás, te permitirá ser más empática y asertiva a la vez.

5. Controla lo que piensas para controlar cómo te comportas: esto es básico en la IE ya que después de conocerte viene el controlarte o autorregularte.


6. Busca el porqué de los demás: luego de conocerte y autorregularte, viene el trabajo con los demás. Basado en tu conocimiento personal busca entender lo que al otro le sucede abrirá las puertas para el diálogo, sobre todo en familia, amigos o pareja.


5 Ejercicios para desarrollar la Inteligencia Emocional


  • Identifica tu lenguaje corporal emocional: qué te pasa físicamente cuando te enojas o entristeces, por ejemplo.


  • Lleva un diario de las emociones: donde anotes tu día asociado a las emociones, ampliaras tu repertorio y autoconocimiento.


  • La rueda de la vida: este es un ejercicio que permite identificar tus prioridades en cuanto a deseos y necesidades. Permite plasmar aquello que es realmente importante más allá de lo que socialmente se exige. Dibuja un círculo que se dividirá en las diferentes áreas de interés de la vida. Ahí evaluarás el nivel de importancia que realmente tienen para ti y si estas actuando según la valoración que tiene para ti. Si no se ajustan puedes modificar tu conducta para que sea más acorde a tus prioridades.



  • Meditación: Practicar cualquier tipo de meditación se aconseja para conectarse con energía propia, con el cuerpo, calmar la mete y ecualizar las emociones.


  • Mindfulness: estas técnicas te permiten estar viviendo en tiempo presente, aquí y ahora, optimizando las emociones y el manejo energético, controlando el estrés y estando con conciencia plena. Posibilita el autoconocimiento y mejora las relaciones interpersonales.



Se cual sea el ejercicio que elijas, recuerda siempre que la conexión entre todas tus capacidades y las emociones son la clave del éxito.


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