¿El amor propio asegura el éxito de tu relación?

Actualizado: jun 3


Si eres de esas personas que piensa que una adulta no puede mejorar su autoestima, si sientes que ya es tarde para ti y no podrá aumentar tu amor propio, te tengo noticias, nunca es tarde…


Según la RAE el amor es un sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear. Entonces, si pensamos qué tipo de sentimientos tengo hacia mí mismo, podemos comenzar a analizar que tanto me quiero.


Siento que soy físicamente atractiva, ¿te miras al espejo y te gustas? o prefieres no mirarte en él, o cuando te ves te dices “pero que mal estás”, ¡mira esa cara!, y ¡que gorda!, ¿quién te va a querer?


La RAE dice que buscamos reciprocidad en el sentimiento de amor hacia otra persona y si esperamos que otro nos quiera, ¿por qué no partimos queriéndonos a nosotros mismos antes que otro lo haga?


El amor propio o autovaloración se desarrolla a lo largo de la vida. Empieza con el proceso de apego de la madre con el hijo recién nacido, es vínculo que se genera durante el embarazo. Después, durante los primeros años de vida, los padres, aunque particularmente la madre va entregándote palabras de amor, te hace sentir que te ama a pesar de los errores que puedas cometer como niña. De esa forma, en tu inconsciente va creciendo la seguridad en ti misma, en que eres capaz, en que eres una persona “querible” y, por lo tanto, cuando llegamos a la adolescencia ya estamos en condiciones de buscar el amor fuera de la familia.

Todo esto sucede bajo condiciones ideales, pero ¿Qué sucede si nuestra experiencia es diferente?, si nuestra madre no estuvo o sufrió depresión post-parto, si ella misma no tuvo una experiencia cariñosa y buena experiencia con su propia madre y nos trató duro en nuestra infancia, si ambos padres fueron desapegados?

Amor propio en adultos, cambiando la realidad


Como adultas, podemos hacernos cargos de nuestro amor propio. No podemos quedarnos en el dolor y sentir que como no fuimos niñas con una alta autovaloración ya nada podemos hacer.


Podemos resignificar nuestra realidad a través de un trabajo terapéutico, descubrir que esa niña vivó y se defendió de la mejor manera posible ante las situaciones que le tocó vivir y que hoy es esa adulta que se mira y se dice que puede estar mejor, que puede lograr ser su mejor versión.


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